Luis Alejandro Alvarez A.
a Juan Carlos Núñez
23.04.2024
Era el piano su propio peso, urgente cuando se le traía, y ahora posado en la esquina. Esa persistencia, eso es el piano. Es el equilibrio de la porcelana encaramada sobre su pátina agraria, frente al techo del abismo.
El piano es el empeño de fuertes rectas que le impiden derrumbarse sobre sí mismo.
El piano es la oscuridad de su rincón menos resonante, es la privacidad de su reverso, es también la locura de tantas manos que lo estrecharon sin lograr nada.
El piano es la totalidad de sus iguales, tanto los que persisten y aún suenan como los que continuaron en silencio, enteros o despedazados.
El piano es su sombra piramidal guardada en base de polvo. Ser piano es ser la nostalgia del bosque que aún espera un prodigio, es ser el rigor imposible de sus teclas, demencialmente iguales entre sí.