Dienstag, 4. August 2026

Ya no pienso mas en ti

 01.07.2021 - 01.04.2022

Ya no pienso mas en ti

pero si bebo a veces el té que me recomendaste.

Ya no pienso mas en ti

pero sí en la madera de aquel banco del patio de la pagoda del buda del parque

donde quisiste que te tocara la primera vez.

Ya no pienso mas en ti ni en dormir a tu lado

pero al acostarme compadezco a todos los que como tú sufren de insommnio.

Ya no recurro mucho a la imagen de cuando venías y estábamos frente a frente

pero colecciono viñetas ficticias de tí, niña, adolescente, dieciochoañera,

siempre con tus labios fuertes extrañamente relajados.

Ya no pienso mas en ti

pero evito comer lo que tu tampoco comerías.

No extraño tu olor, la verdad ya no sé cómo era,

pero prefiero los jabones que tu preferías

y cuando cocino sé por tì que la sazón es correcta.

Ya no te deseo mas

pero sí le deseo a los demás que encuentren alguien como tú.

Ya no quisiera citarme contigo, ni encontrarte por casualidad en la calle,

pero ruego que sea cierta mi sospecha

de que cruzamos las mismas calles sin vernos

a solo segundos de distancia.

Casi había olvidado como sufrí cuando cancelamos nuestro pequeño viaje juntos.

Ahora quisiera viajar yo solo y ver la plaza, el museo, la iglesia, todo todo aunque sea sin tí.

El alquiler de libros

 El alquiler de libros - basado en un sueño del 06.05.2021


El sueño transcurre en un Los Teques postapocalíptico, yo caminaba errático la avenida Independencia al

cruce de la Ave. Bermúdez, era un mediodía inhóspito y todo lucía descolorido y polvoriento. En lugar de

automóviles, al borde de las aceras muchos buhoneros alineaban cajas de cartón rebosantes de mercancía.

Todo eran piezas de plástico, de forma abstracta, parecían excedentes industriales, conecciones, empalmes;

ningún vendedor sabía explicar su utilidad ni de dónde venían: solo promocionaban su bajo precio. Yo me

fijaba sobre todo en el aspecto abandonado de los buhoneros que celaban la mercancía con pocas ganas,

ellos de seguro hubieran querido tirar o destruir todo aquello, pero aún esperaban obtener alguna miseria de

la venta.

Ante este panorama me detuve de pronto y se me hizo evidente que yo estaba en la misma situación

desesperada de esos comerciantes y que tenía que tratar de vender cualquier cosa, pues mi supervivencia

también estaba en riesgo si no lo hacía.

Sin saber dónde ni cómo empezar, crucé la avenida buscando sombra y encontré, paralelo a ella, un pasillo

de techo bajo que nunca antes había visto. Era una arcada algo baja cuyos arcos estaban cubiertos de

carton piedra a todo lo largo, por lo cual entraba poco el sol y permanecía casi oculta para el exterior. Entré y

caminé unos veinte metros por el refrescante piso centenario, rojizo, pulido y desconchado, hasta que llegué

donde el pasillo cruzaba hacia la derecha y hallé allí a un niño sentado. Grande para su edad, ligeramente

obeso, de cabello corto, liso y brillante, con la piel gruesa y oscura, ocupaba el espacio entre una mesa

mediana y un pequeño armario metálico, ambos grises y desechados sin duda hacía mucho tiempo.

Al acercarme, el niño, pobremente vestido de azul, se dirigió a mí con voz armoniosa, educada y serena,

como si hubiera estado esperando largo tiempo a alguna persona razonable:

"Señor, por favor ayúdeme. Tengo sesenta y cuatro bolívares reunidos y quiero leer un libro de esta

biblioteca. Por favor podría recomendarme usted alguno que sea bueno, para alquilarlo? No quisiera

desperdiciar el dinero en algo que no valga la pena.“

Aunque no lo veía, sabía que cerca del niño se hallaba un anciano encorvado, a quien pertenecía el

desvencijado armario, su contenido y el negocio de alquiler de libros. El pobre anciano esperaba

probablemente con ansias la concresión del arriendo. No pude evitar una sonrisa de encanto y lástima ante la

situación. Sesenta y cuatro bolívares antiguos, y afuera, entre los comerciantes informales, se hablaba de

precios en miles y en millones. El niño y el viejo evidentemente, ya seguramente transados en los sesenta y

cuatro bolívares, estaban en el punto mas desolado de la miseria.

Me sentí elegido y pensé que me sería muy fácil la tarea encomendada, dada mi edad, dados mis estudios,

dada mi mejor situación social. Solo me inquietaba que el niño, por su postura y su manera de hablar, mas

bien parecía ser ciego, y al contraluz yo no distinguía sus ojos, y menos si estaban abiertos o cerrados.

Acepté prestar el pequeño servicio cultural, admirado por la presencia de ese espíritu tan joven y noble que

resplandecía en medio de toda la miseria.

Me agaché para atisbar en el armario cerrado, y la proximidad del piso frío me llevó primeramente a mi

infancia, cuando jugaba solitario debajo de las camas. Las puertas dobles del mueble estaban deformes y

oxidadas. Las abrí con cuidado y en el fondo oscuro distinguí unas dos docenas de libros pequeños, viejos y

desordenados. Algunos estaban en fundas de tres o cuatro, como si integraran una saga, otros sueltos. La

mayoría estaban sucios y con las tapas descoloridas, y pertenecían todos a una misma colección, con tapas

blandas azul y plata. Aunque la colección me pareció a primera vista muy familiar, barata, del tipo ciencia

ficción, no logré reconocer en ella mas nada aparte de mi propio idioma, y en las imágenes de portada

retratos pintados que parecían ser de heroínas y héroes en acciones dramáticas. Ningún título, ningún autor,

ningún tema que pudiera asociar a mi experiencia, ningún recuerdo visto, leído ni escuchado, ninguna

reminiscencia, ningún parecido con nada, como si estuvieran escritos en una lengua muerta. Estuve

removiendo la pequeña biblioteca por un momento mas, ya nada seguro de poder ayudar al niño. ¿Cómo

podría recomendar algo de lo que no tenía ni la más mínima idea? Los libros se me hacían a cada segundo

mas extraños y cada vez me sentía mas ahogado entre sus formas y colores, y me despistaban cada vez

mas las misteriosas serifas delineándose en la tipografía de los lomos. Cuando ya el ahogo se convertía en

mareo y náusea y me sentí en verdadero peligro, como si me encontrara perdido en un laberinto letal, el niño

volvió a hablarme:

“Señor, no se preocupe, déjelo”.


Yo me volví, todavía agachado, hacia el niño, cuyo pecho ahora estaba a la altura de mi cara. Sus últimas

palabras en tono sincero y bondadoso me avergonzaron profundamente. Alcé el rostro queriendo encontrar

sus ojos, pero aún el contraluz me lo impedía: estaban cubiertos de una espesa sombra. En el instante mi

ahogo se tornó en alivio y mi vergüenza en agradecimiento por aquellas simples palabras, liberadoras,

generosas, y tuve urgencia de apoyarme en el regazo de ese niño y de tomar y besar su mediana mano

inmóvil. Al apoyarse mis labios sobre el dorso polvoriento me desbordé llorando de adoración, y ya no me

importó en el mundo nada mas que seguir allí postrado, recibiendo la misericordia y la bendición de ese niño

tan quieto y santo.

Encuentros

Cuento en la roca unas rosas antiguas

en tu boca cruzo una esquina abrupta

mas lejos la estrella como una mano abierta

envuelve la espuma cual olorosa tela.


Fortuna estrecha como en horno oscuro

como es en el polvo una mancha un libro

En la lengua algo como un andrajo idioma

y raya estridencia sobre la cuenca oreja. 


Palpando sospecho una espina cuna

y cuando alza la luz la cortina hinchada

y palmas fronterizas me tensan la pluma,

erguida una brisa te adorna la cara.

JOVEN - a Yomaira

 

JOVEN - a Yomaira


Habría deseado

Nunca ponerme feo

Nunca arrepentirme 

Nunca estar agotado

No desgastarme

Nunca perder los sueños

Nunca desenamorarme

Nunca acumular demasiado

Nunca desarraigarme

Nunca ver desaparecer a mis amigos

Nunca saber mas de la cuenta

Nunca llegar a callejones sin salida


Pero es tarde: ya nunca podré morir joven.




Freitag, 15. Mai 2026

EL PIANO - a Juan Carlos Núñez


EL PIANO

a Juan Carlos Núñez

23.04.2024


Era el piano su propio peso, urgente cuando se le traía, y ahora posado en la esquina. Esa persistencia, eso es el piano. Es el equilibrio de la porcelana encaramada sobre su pátina agria, frente al techo del abismo.

El piano es el empeño de fuertes rectas que le impiden derrumbarse sobre sí mismo.

El piano es la oscuridad de su rincón menos resonante, es la privacidad de su reverso, es también la locura de tantas manos que lo estrecharon sin lograr nada.

El piano es la totalidad de sus iguales, tanto los que persisten y aún suenan como los que continuaron en silencio, enteros o despedazados.

El piano es su sombra piramidal sobre base de polvo. Ser piano es ser la nostalgia del bosque que aún espera un prodigio, es ser el rigor imposible de sus teclas, demencialmente iguales entre sí.


Mittwoch, 13. Mai 2026

ONDA EN CIÉNAGAS


09.07.2024

ONDA EN CIÉNAGAS

Onda encierro en ciénagas aguas
al bálsamo obstáculo acerca en nada
traigo solo ronda y miedo drago
fleco un tránsito palmo pétalo.

Cuánta sombra el sello techo
de pérgola en lágrima cera
vándala, cada cara galope búfalo
de pértiga encuentro, tren de rueda rayo.

Cuál péndulo ayer y nodo
entre rectángulo y casi mas, aro
sordo en paréntesis, hoy menos
plano y ángulo sonsonete.

Plata rama en pelo o fruto anuncio
o punto expósito en cuál mano
cuenta página, calma, la sal, la lámpara
pelo otra vez, pájaro, ejército.

Otro cuarto ámbito, perdón séquito,
luciérnaga de verdad en manta sombra
remedo en puente cuerda, espectro
prólogo aviso, párpado cuero.

Por semanas casi cántico
el pecho operario y puerto
en coro, velo tras mata la estela,
y gota pulpa la suerte, el llano atrás,
el bruto levante ensueño,
cámara, piel de pie, de pompa esfera.

Alguna flor o teja, cal o prenda
apuesta al rato, flaco ron, féretro,
fuerza rasa, rancho, huesos
cuenco de día, de pez, de plazo.

Mi Musa verde

 Mi Musa verde

09.07.2024

Yo siempre centrado en ti y tú perdida en teleseries interminables
yo loco por jugar contigo y tú enajenada en video games
yo figurándote en el cielo al borde de rascacielos
y hasta mas arriba, entre estrellas
y tú de hecho encorvada, escupiendo y lanzando con rabia colillas a la cloaca,
tú y tu repugnante vaper pudriendo el aire con plasma.

Mientras yo inspiradísimo me inflo con el deseado olor de tu sábana
y sigo cocinando para ti, poniéndole tu nombre a mis tortas e inventándote salsas,
tu te llenas insaciable de chorreante comida chatarra,
una y otra vez vomitándolo todo para volver a empezar.

Eres mi musa verde de bilis, mi musa grotesca y maloliente.
Pero ¿quién adivina qué pretendía Zeus cuando crió a las musas?

Ya no pienso mas en ti

 01.07.2021 - 01.04.2022 Ya no pienso mas en ti pero si bebo a veces el té que me recomendaste. Ya no pienso mas en ti pero sí en la madera ...