Dienstag, 4. August 2026

El alquiler de libros

 El alquiler de libros - basado en un sueño del 06.05.2021


El sueño transcurre en un Los Teques postapocalíptico, yo caminaba errático la avenida Independencia al

cruce de la Ave. Bermúdez, era un mediodía inhóspito y todo lucía descolorido y polvoriento. En lugar de

automóviles, al borde de las aceras muchos buhoneros alineaban cajas de cartón rebosantes de mercancía.

Todo eran piezas de plástico, de forma abstracta, parecían excedentes industriales, conecciones, empalmes;

ningún vendedor sabía explicar su utilidad ni de dónde venían: solo promocionaban su bajo precio. Yo me

fijaba sobre todo en el aspecto abandonado de los buhoneros que celaban la mercancía con pocas ganas,

ellos de seguro hubieran querido tirar o destruir todo aquello, pero aún esperaban obtener alguna miseria de

la venta.

Ante este panorama me detuve de pronto y se me hizo evidente que yo estaba en la misma situación

desesperada de esos comerciantes y que tenía que tratar de vender cualquier cosa, pues mi supervivencia

también estaba en riesgo si no lo hacía.

Sin saber dónde ni cómo empezar, crucé la avenida buscando sombra y encontré, paralelo a ella, un pasillo

de techo bajo que nunca antes había visto. Era una arcada algo baja cuyos arcos estaban cubiertos de

carton piedra a todo lo largo, por lo cual entraba poco el sol y permanecía casi oculta para el exterior. Entré y

caminé unos veinte metros por el refrescante piso centenario, rojizo, pulido y desconchado, hasta que llegué

donde el pasillo cruzaba hacia la derecha y hallé allí a un niño sentado. Grande para su edad, ligeramente

obeso, de cabello corto, liso y brillante, con la piel gruesa y oscura, ocupaba el espacio entre una mesa

mediana y un pequeño armario metálico, ambos grises y desechados sin duda hacía mucho tiempo.

Al acercarme, el niño, pobremente vestido de azul, se dirigió a mí con voz armoniosa, educada y serena,

como si hubiera estado esperando largo tiempo a alguna persona razonable:

"Señor, por favor ayúdeme. Tengo sesenta y cuatro bolívares reunidos y quiero leer un libro de esta

biblioteca. Por favor podría recomendarme usted alguno que sea bueno, para alquilarlo? No quisiera

desperdiciar el dinero en algo que no valga la pena.“

Aunque no lo veía, sabía que cerca del niño se hallaba un anciano encorvado, a quien pertenecía el

desvencijado armario, su contenido y el negocio de alquiler de libros. El pobre anciano esperaba

probablemente con ansias la concresión del arriendo. No pude evitar una sonrisa de encanto y lástima ante la

situación. Sesenta y cuatro bolívares antiguos, y afuera, entre los comerciantes informales, se hablaba de

precios en miles y en millones. El niño y el viejo evidentemente, ya seguramente transados en los sesenta y

cuatro bolívares, estaban en el punto mas desolado de la miseria.

Me sentí elegido y pensé que me sería muy fácil la tarea encomendada, dada mi edad, dados mis estudios,

dada mi mejor situación social. Solo me inquietaba que el niño, por su postura y su manera de hablar, mas

bien parecía ser ciego, y al contraluz yo no distinguía sus ojos, y menos si estaban abiertos o cerrados.

Acepté prestar el pequeño servicio cultural, admirado por la presencia de ese espíritu tan joven y noble que

resplandecía en medio de toda la miseria.

Me agaché para atisbar en el armario cerrado, y la proximidad del piso frío me llevó primeramente a mi

infancia, cuando jugaba solitario debajo de las camas. Las puertas dobles del mueble estaban deformes y

oxidadas. Las abrí con cuidado y en el fondo oscuro distinguí unas dos docenas de libros pequeños, viejos y

desordenados. Algunos estaban en fundas de tres o cuatro, como si integraran una saga, otros sueltos. La

mayoría estaban sucios y con las tapas descoloridas, y pertenecían todos a una misma colección, con tapas

blandas azul y plata. Aunque la colección me pareció a primera vista muy familiar, barata, del tipo ciencia

ficción, no logré reconocer en ella mas nada aparte de mi propio idioma, y en las imágenes de portada

retratos pintados que parecían ser de heroínas y héroes en acciones dramáticas. Ningún título, ningún autor,

ningún tema que pudiera asociar a mi experiencia, ningún recuerdo visto, leído ni escuchado, ninguna

reminiscencia, ningún parecido con nada, como si estuvieran escritos en una lengua muerta. Estuve

removiendo la pequeña biblioteca por un momento mas, ya nada seguro de poder ayudar al niño. ¿Cómo

podría recomendar algo de lo que no tenía ni la más mínima idea? Los libros se me hacían a cada segundo

mas extraños y cada vez me sentía mas ahogado entre sus formas y colores, y me despistaban cada vez

mas las misteriosas serifas delineándose en la tipografía de los lomos. Cuando ya el ahogo se convertía en

mareo y náusea y me sentí en verdadero peligro, como si me encontrara perdido en un laberinto letal, el niño

volvió a hablarme:

“Señor, no se preocupe, déjelo”.


Yo me volví, todavía agachado, hacia el niño, cuyo pecho ahora estaba a la altura de mi cara. Sus últimas

palabras en tono sincero y bondadoso me avergonzaron profundamente. Alcé el rostro queriendo encontrar

sus ojos, pero aún el contraluz me lo impedía: estaban cubiertos de una espesa sombra. En el instante mi

ahogo se tornó en alivio y mi vergüenza en agradecimiento por aquellas simples palabras, liberadoras,

generosas, y tuve urgencia de apoyarme en el regazo de ese niño y de tomar y besar su mediana mano

inmóvil. Al apoyarse mis labios sobre el dorso polvoriento me desbordé llorando de adoración, y ya no me

importó en el mundo nada mas que seguir allí postrado, recibiendo la misericordia y la bendición de ese niño

tan quieto y santo.

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

Ya no pienso mas en ti

 01.07.2021 - 01.04.2022 Ya no pienso mas en ti pero si bebo a veces el té que me recomendaste. Ya no pienso mas en ti pero sí en la madera ...